TERAPIA CON MUÑECAS EN LA DEMENCIA.




Desde el comienzo de nuestra vida vamos forjando relación con lo que nos rodea, tanto personas como cosas. Vemos en ese entorno cotidiano como los bebés tienen preferencias, ya sea por un juguete, una mantita o un trapito, de forma que no están tranquilos, y no se duermen, si no lo tienen y lo tocan. Al ir creciendo y en la edad adulta, sucede lo mismo, tenemos preferencias, por unos zapatos, por un adorno que nos tranquiliza y da suerte; por cosas varias, que con tocarlas y tenerlas, nos tranquilizan y nos hacen sentir más fuertes. En la ancianidad, portando un gran bagaje de recuerdos que nos son gratos y nos hacen felices, y olvidando algunos otros que no nos hacen tan felices, tendemos a querer tener a nuestro lado a determinada persona que pensamos nos protege, a determinada voz que nos da confianza, o determinada cosa cuyo tacto nos hace recrear en nuestra mente un estado de felicidad. No por ello estamos enfermos, seguimos en contacto con la realidad y sabemos que aquel apego nos ayuda y nos da confianza en momentos de debilidad y nos hace recuperar la tranquilidad. Nos hemos vinculado; hemos creamos un apego con algo o con alguien; hemos creado algo que va a desarrollarse con nosotros.


Queremos hablar aquí de esta figura tan estudiada y tan eficaz como es la Terapia con Muñecas en la ancianidad y en las Demencias.


La teoría del apego de Bowlby representa una posible clave para explicar la eficacia de la terapia con muñecas. La mayoría de nosotros tenemos la necesidad de sentir que hay alguien con quien estamos seguros y esto se acentúa en situaciones de mayor pérdida o vulnerabilidad, como puede ser en el caso de la demencia y la ancianidad. Algo similar ocurre con la necesidad de sentirnos ocupados, de participar de manera positiva en nuestro entorno para ver reforzada nuestra identidad.


Una muñeca puede funcionar como una figura de apego, ofreciendo seguridad y contacto, y una actividad agradable para promover el desarrollo de la identidad y así se ha incorporado, desde hace décadas, en los programas de atención a personas con demencia en países como Japón, EEUU, Australia o Reino Unido.


La intervención con muñecas persigue satisfacer una variedad de necesidades básicas individuales como el apego, confort, la inclusión, ocupación, comunicación/interacción, identidad o instintos innatos como el cariño y el amor. Todo ello nos permite ofrecer a la persona una herramienta para lidiar con su angustia psicológica interna, experimentándola de una forma más adaptativa.


Se utiliza, esta Terapia con Muñecas, principalmente en personas con demencia ya en fases moderadas y moderadas avanzadas, en las que la capacidad de comunicación está alterada y no cuenta con oportunidades de participación positivas en su entorno. También está teniendo buenos resultados en personas con diversidad funcional de edad avanzada.


El cuidado de una persona portadora de la Enfermedad de Alzheimer, o con cualquier otro tipo de demencia en estado moderado o avanzado requiere de gran formación. Ninguna es igual a otra, ni a todas les gustan las mismas cosas, ni manifiestan lo qué les sucede de la misma manera. Las personas con demencia suelen presentar desorientación; niveles de angustia o agitación física; agresividad; deambulación alterada a veces; ansiedad y llanto ocasionales; siempre demanda de contacto, o un malestar que no pueden explicar, pero que hay que atender. Todas estas demandas pueden representar formas de Demandas de Apego.


En la atención a la demencia hay quien enfatiza el hecho de no utilizar enfoques que infantilicen a las personas mayores; que no se puede tratar a una persona anciana o con demencia como un niño; que les parece una falta de respeto a la dignidad de la persona. Lo cierto es que no se ofrece una muñeca para que la persona anciana y/o con demencia juegue con ella, aquí está el problema, cuando muchos solo pueden ver en esta interacción un juego. No hemos venido a jugar. No debemos perder de vista que nuestro objetivo es terapéutico y la muñeca va a ser una herramienta que nos va a dar la posibilidad de conectar con la persona, de responder a sus necesidades, sin hacer uso de otro tipo de herramientas que implican mayores riesgos y no nos traen tantos beneficios, como sujeciones físicas o farmacológicas.


Si existen preocupaciones éticas mencionadas anteriormente, se acallan al conocer los resultados de los estudios que demuestran los beneficios de la terapia de muñecas. Éstos incluyen:


- Disminución de la ansiedad

- Disminución de la agitación

- Aumento de los niveles de felicidad

- Mayor interacción social

- Aumento del nivel de actividad

- Mejora de la capacidad de recibir atención

- Menos expresiones verbales negativas

- Estado de ánimo mejorado

- Disminución de obsesiones

- Mejora la ingesta de alimentos


Además, la terapia con muñecas es una forma no farmacológica de abordar las emociones y los síntomas psicológicos y conductuales que pueden manifestarse en la demencia. En esta intervención no existen los efectos secundarios o las interacciones con medicamentos, aunque es realmente importante tener un conocimiento adecuado para su buen uso.


Los principios de beneficencia, no maleficencia, veracidad, dignidad y autonomía son valores fundamentales para los profesionales que atienden a las personas con demencia. Debemos promover una cultura de cuidados en las demencias basada en los derechos que garantice la calidad y uniformidad de servicios y ayude a comprender intervenciones polémicas, pero potencialmente beneficiosas, como la terapia con muñecas.


Para aquellos que quieran profundizar en la Atención Centrada en la Persona con Demencia, recomendamos, entre otras, la lectura de la obra de Tom Kitwood, “Dementia Reconsidered. The person come first”.


“El bienestar de las personas con demencia, es el resultado directo de la calidad de las relaciones que mantienen con quienes les rodean” (Kitwood 1997).


Servicios de Terapia Ocupacional y de Clínica, del Centro de Día Castelao. Betanzos (A Coruña). España.